Se terminó de ir
Gustavo. Había empezado a irse hace un tiempo tan parecido y de una manera tan
parecida a como se fue Mer… Y al mismo tiempo ninguno de los dos se fue
realmente. Yo creo que es como dice Joaco: “está siempre con nosotros”.
Gustavo es de esa
constelación de músicos que marcaron a mi generación. Gustavo y Soda
específicamente a la mía, porque Charly y el Flaco venían de antes y
transcienden todo.
Pero yo aprendí a
bailar en los asaltos con “Te hacen falta vitaminas” y entendí las hormonas
adolescentes con “Persiana americana” y “Juego de seducción” y escuché hasta el
hartazgo “Cuando pase el temblor”, que además le puso imágenes a la música
local. Me compré mis primeras revistas de rock para admirar esos pelos. Pasé
horas y horas en la casa de una amiga del secundario que tenía el
vinilo de “Signos”. Recuerdo interminables tardes de fin de semana mirando Badía y Cía. sólamente para escucharlos cantar "Prófugos". Lloré amores no correspondidos con “Corazón delator”.
Imaginé vivir en “La ciudad de la furia” desde mi casa conurbana de Lomas, y
cuando eso se hizo realidad, lo musicalicé con “En el séptimo día”. Y aquél
verano de 1990 de joven independencia escuché desde afuera a Soda tocar en el
Patinódromo de Mar del Plata, montada en los hombros de un jugador de básquet. Mi primer gran pelea con mi actual marido fue porque gracias a él me perdí el recital en la 9 de julio después de esperar toda la tarde. Y no los fui
a ver al Gran Rex porque estaba ahorrando para viajar, de lo cuál me arrepiento hasta el día de hoy cada vez que escucho "Rex Mix".
Después vinieron los
discos más experimentales, los que a mi esnobismo rockero le costó más
incorporar, porque Cerati siempre estuvo unos veinte años adelantado a su
tiempo. Pero eso me dio la posibilidad de disfrutar de “Dynamo” y “Sueño Stereo”
y “Zona de Promesas” de grande, como si fueran nuevos. Las canciones de “Ahí
vamos” son un recorrido por las relaciones donde siempre me hallo reflejada.
Y a mí, que amo a Los
Redondos, todavía me hacen sonreír las coincidencias entre la letra de “Juguetes Perdidos” y “Crema de estrellas”, y las guitarras de Gustavo que se escuchan en “Gualicho”;
me río siempre en la cara de los que se han perdido de disfrutar de unos por
los otros.
En el ’97 lloré con “Gracias…
totales”, y en el 2007 lloré con la vuelta, en ambas con los amigos del alma
con los que nos hacemos el aguante en las buenas y en las malas y que en estos
días están tristes como yo, como tantos…
Mis hijos son chicos y
no entendían por qué yo lloraba el jueves, hasta que le conté a Lucía que esa
canción de Mercedes Sosa que a ella le gusta tanto es de Cerati, y la canta con
él. Ella me dijo que tiene una voz tan dulce… Me lo dijo en presente, porque
Gustavo canta en presente.
“Suena frágil, como yo…”
