sábado, marzo 05, 2011

Role models

Los cartoneros llenan la calle de basura todos los días, que da olor e infecta y atrae ratas.
Y la gran mayoría de la ciudadanía pagaría por verlos desaparecer de la superficie de la tierra, a ellos y a sus crías y a sus perros crotos y malolientes.

Tinelli y Gran Hermano llenan de basura las mentes de todos, todos los días hace más años que los cartoneros. Más que basura, lo que producen son desechos radiactivos, que perduran aún cuando se cree haberlos erradicado. Invisibles e inmutables.
Sin embargo, decenas de millones venderían su alma al diablo con tal de unos minutos de protagonismo en esa pantalla.

Muchos pedimos a las alturas que nuestros hijos no terminen como cartoneros. Quizás debiéramos incluir en nuestras fervorosas plegarias que no terminen formando parte del decadente elenco de despreciables que nos insultan diariamente con nuestro electrónico consentimiento.

domingo, febrero 13, 2011

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese "no sé qué"

Ayer a la noche salí por San Telmo. Que es otro San Telmo que el del mediodía o la tarde o la tardecita. Incluso es distinto de San Telmo los jueves a la noche cuando vamos con las chicas al bar de la birra fría. San Telmo un sábado a la noche tiene "movida". Es "cool". La gente sale "producida" (con lentejuelas negras y todo). Parecía una escena sacada de la revista Bola donde podías identificar las ondas del verano.
Me sentí traicionada en lo más profundo de mi ser.
Siempre quise vivir en San Telmo. Siempre me gustaron esas calles decadentes medio sucias muy viejas y poco cuidadas. Nunca tuve miedo de caminarlas a la noche (nunca viví pendiente de la "inseguridad" - nadie se muere en la víspera). El Bar Dorrego ha sido testigo de más de uno de los momentos bisagra de mi vida. La placita ha provisto incontables cervecitas atacadas por palomas.
No sé.
No me gusta que me paren para darme una larga tirita que me hace "merecedora" de ir a aturdirme en un resto-lounge pretencioso y desubicado. No me gusta que desde la vereda de en frente me invada el sonido de una salsa falsa. No puedo creer que haya gente (no solamente pibes) haciendo cola para entrar a un boliche de puertas y vidrios negros. No me gusta el aire for export de los bares que han proliferado en los últimos cinco años.
Siento que me afanaron San Telmo. Que se lo compraron los turistas yanquis junto con el tango y la Bombonera.